domingo, 8 de abril de 2012

Rodeado

Te das cuenta y de repente en medio de una multitud de gente, observando todos los gestos, movimientos, yendo, más allá de ellos. Me encuentro, viéndome de lejos, quieto… por un momento…
Es la ausencia que existe en el tiempo, el tiempo en pasado que encuentras por tus bolsillos al vaciarlos y soltar todo. A pasos, a cachos, troceando el caso, callado, nunca mucho tiempo parado, olvidado. Movimiento, tu cuerpo extasiado, ansiado, con síndromes aún no detectados, la ausencia es tu estado, donde vuelves a la calma.
Cansado, de ir contrariado, a contras de corrientes de afluentes, de dementes pensamientos… rebaños, de ovejas, blancas o negras… grupos de mártires, presumiendo de quién es más mártir… de quién se mata antes… grupos de imbéciles, de espejos bonitos que se rompen con la mirada… grupos a miles que todos ansían por pertenecer…
Me es inevitable observar más allá de caras, viajo hacia dentro y veo borrachas, bajas autoestimas, y pulmones negro ceniza, inseguras y chulos putas, feos de almas y almas bonitas… no encajo, en tus típicos… ni soy tu típico pensamiento de hombre… por eso, me es inevitable amargar mi cara al ver más adentro de tu piel… el silencio es un privilegio que muchos deberían ejercer para no perder en un instante todo interés…
Mi vida nunca se rige por bazas, ni varas, donde quieren tallar mi talla… no llevo cadenas ni ando falto de ganas, porque, mi mirada, se siente molesta con tanta gente… pero detalles me hacen pararme, hasta en medio de la calle, observo pasos, ojos, vestimentas, gestos, risas y más allá de ello, veo mi rumbo entre medio.
Vuelvo de nuevo a mi casa, tras mirada cansada, mi arma, es mi mejor baza, inscrito en pecho, llamo tu mirada, mientras mi sombra se aleja, me refugio de mí mismo bajo el silencio… y camino.

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