miércoles, 1 de febrero de 2012

Rutina

Te levantas de la cama y, desde que pones el pie en el suelo, la rutina guía tus pasos. Sabes o piensas qué vas a hacer, y sabes que, en cierto modo, vas a repetir lo mismo de todos los días. Lo cierto es que es algo normal, que sin rutina la vida sería caótica y difícil, y acabaría por derrumbarse. Feliz o no, ves cómo el Sol sale y se pone día tras día, como despiertas y duermes, como conversas y piensas, y existes, y sonríes y lloras, y parece que la vida, más o menos completa, más o menos feliz, está ahí para ti, tu vida, dispuesta a llenarse.
Sin embargo, hay ocasiones en que la vida y la rutina enseñan su lado oculto y consiguen que el tiempo se convierta en una pesadilla. Cada segundo parece un pequeño clavo, incluso peor; cada momento, cada sensación, están enmarcados en un vacío tan completamente nauseabundo que la existencia misma se convierte en una carga, se vuelve insoportable, y la propia vida cae sobre nuestros hombros, nos encorva, nos apesadumbra, nos entristece y nos reprime, y tenemos que mantener una difícil lucha con nosotros mismos para no derrumbarnos.
Entonces vienen las preguntas, sin respuesta, sobre el sentido de nuestra existencia, sobre la felicidad, el dolor, la oscuridad y el mundo. Vienen los conflictos. Crees que las cosas irían mejor si hablaras con un psicólogo, pero te parece imbécil gastar cientos de euros en algo así mientras en otro extremo del mundo la malaria y el hambre acaban con media infancia. Crees que tienes que ser libre, y liberarte de las cadenas, pero quizá la mentira y la evasión sean la sangre que te mantiene con vida. Necesitas el dolor, pero te hace daño.
Y lloras, lloras hasta que no puedes respirar y tus oídos tiemblan y reproducen el sonido del mar, y luego recuerdas que el mar no existe, que es sólo una invención de la poesía para hacerte sentir menos sólo, y lo único que existe es la soledad, tan inmensa como el mar pero mucho más oscura. Terminas sintiéndote mal por llorar, pero te sientes mal si no lloras, y tienes la náusea, el dolor de la existencia, clavado en el corazón, y no encuentras nada ni nadie que se los lleve, que los entierre, y tú no puedes. Y todo lo oscuro y posible caen sobre ti de golpe.
Solo queda esperar que todo salga bien. Y es posible, muy posible, que estés toda la vida esperando sin que nada llegue. Nada más que dolor, oscuridad y lágrimas. Aún así no sabes lo que pasara

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